martes, 28 de abril de 2009

El sonido en "Viridiana"

Principales características de la película “ Viridiana” de Luis Buñuel en cuanto al sonido

El estilo es aparentemente naturalista. Sin embargo, No trata meramente de ilustrar un retrato superficial, o un drama psicológico. La apariencia esconde una intencionalidad que va más allá.. Su utilización es irónica. La ambigüedad, la paradoja, la insinuación son conceptos que multiplican las lecturas de un relato de apariencia diáfana.

El Sonido es diegético, corresponde a las acciones que vemos en pantalla. El matiz está en el uso de la escala. Igual que Buñuel suele usar el plano detalle de un objeto descontextualizado (sobre todo a comienzo de escena), resaltando el aspecto matérico en toda su aspereza, del mismo modo utiliza el sonido intensificado , brusco, que rompe con el lenguaje articulado. Como cuando Viridiana reza con sus pobres el ángelus mientras los obreros se afanan en la remodelación de la propiedad.
En otras ocasiones el sonido se torna una metonimia de la escena elidida. La cámara esquiva las tomas explícitas (que no hubieran pasado la censura) mientras el sonido informa de la acción. (Escena del desván).
En alguna ocasión los sonidos adquieren un tono más expresionista, como los llantos de los niños que preludian la pelea entre dos de las indigentes. La fiesta degenera en una algarabía esperpéntica.
Es curioso el valor que otorga a los silencios. Como ese que se produce en medio de la bacanal de los pobres cuando todos se entregan a engullir las natillas. O el que se produce justo antes de la famosa foto y que tiene su correspondencia visual con el estatismo de los personajes. Silencio sólo roto por ese otro símbolo de la mitología cristiana con la que Buñuel mantiene una relación tan ambivalente. Me refiero al canto de gallo.

Los diálogos son también realistas de apariencia. No hay incongruencias ni absurdo en el modo de hablar de los personajes, de los que entendemos sus motivaciones. Da la sensación de que la mirada de Buñuel es cruda pero comprensiva. Los personajes guardan cierta inocencia. No tanto en el caso de los pobres, El director parece otorgar a este grupo una “sabiduría” cínica hija de la experiencia dolorosa y hermana de la degradación física y moral. Su habla es vulgar pero sabrosa, llena de vocablos que hoy, desgraciadamente, nos suenan arcaísmos. (Amolar, manteles tan galanes…etc).
Sigue la película la norma del decoro que hace que cada personaje hable conforme a su condición, posición y motivaciones.

La música es también diegética. (Salvo en los títulos de crédito) y también cabe hablar de un uso irónico. Haendel, la música clásica religiosa, parecen corresponder a un relato en el que se ensalce y triunfen los ideales elevados del hombre y su cultura pero lo único que triunfa es el desengaño. Oímos música clásica a través del tocadiscos de don Jaime, y es el preámbulo de la escena en la que él abusa de su sobrina (si bien no consuma). Oímos música clásica cuando el propio don Jaime toca el órgano. Ello muestra un contraste entre la habilidad y sensibilidad para el arte musical que apunta a una formación elevada y a esos ideales juveniles que él mismo menciona y su comportamiento indigno debido a la pasión que en él despierta la protagonista.
Vuelve a escucharse música clásica en la misma gramola durante el banquete de los pordioseros, esta vez con un uso sarcástico y cruel, al poner en solfa lo más sagrado y hermoso. La música rima aquí con los símbolos visuales: el banquete/ última cena, el velo nupcial. Y lejos de amansar a las fieras humanas parece excitar su furor canalla.

En la escena final el tocadiscos de don Jaime vuelve a oírse pero esta vez suena una música moderna. Triunfa el sentido común burgués, práctico y hedonista del hijo.

Por último, las cancioncillas que canta la hija de Juana, la sirvienta. Representarían la inocencia de la infancia que contempla curiosa y perpleja el conflicto entre ideales y pasiones de los adultos. O no, con Buñuel nunca se sabe.

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