martes, 28 de abril de 2009

The innocents


SUSPENSE! (THE INNOCENTS)

Ficha técnica:
Director: Jack Clayton
Productor: Jack Clayton para 20th Century Fox
Guión: William Archibald, Truman Capote y John Mortimer, según novela de Henry James
Fotografía: Freddie Francis
Música: Georges Auric
Montaje: James B. Clark
Intérpretes: Deborah Kerr (Miss Giddens), Michael Redgrave (tío), Peter Wyngarde (Peter Quint), Megs Jenkins (Mrs. Grose), Pamela Franklin (Flora), Martin Stephens (Miles), Clytie Jessop (Miss Jessel), Isla Cameron (Anna), Eric Woodburn (cochero)... / Nacionalidad y año: RU 1961
Duración y datos técnicos: 100 min. B/N scope.

Argumento:

Miss Giddens es una institutriz puritana y provinciana que asume la labor de cuidar de dos huérfanos, Flora y Miles, cuyo tutor es un rico pero despegado y egoísta tío. Viven en una mansión de Bly junto con una amable ama de llaves llamada Mrs. Grose,.Al poco tiempo conoce la historia de la anterior institutriz y su amante , un criado. Ambos murieron. Él , Peter Quint, en extrañas circunstancias y al poco ella, Miss Jessel, suicidada. Parece que tenían una estrecha relación con los niños. La protagonista percibe que esta influencia sigue aún presente. Los niños resultan bellos y amables y sin embargo su comportamiento tiene un tinte perverso. Miles, el niño, regresa expulsado del colegio en donde estaba internado. No se conoce la causa pero la dirección la califica de conducta inmoral.
Algo más tarde empiezan las apariciones de los fantasmas. Suponemos con Miss Giddens que se trata de los criados muertos. La profesora cree ver en el comportamiento de los niños una prueba de la posesión los amantes.
A partir de aquí todo se precipita fatalmente. La niña acaba traumatizada y cae en un letargo nervioso. El niño muere. La institutriz en su intento de protegerlos los empuja al desastre.
Comentario
La película trascurre en una atmósfera turbadora, ambigua. Desde el comienzo, con la pantalla en negro y la inquietante canción nos es sugerido un clima de inquietud. El terror está en esta cinta confundido con lo cotidiano. Un momento la pantalla se inunda de una luz apacible, matinal para de pronto emerger lo siniestro. Y precisamente de ese mismo escenario paradisíaco.
Todo el film es un tejido sutil en el que los signos funcionan con significados ambivalentes dibujando al cruzarse múltiples interpretaciones plausibles sin que el autor tome partido por una de ellas. El espectador adopta el punto de vista de la protagonista pero a la vez no puede dejar de sospechar que lo que ve puede ser un delirio coherente. De este modo cada espectador “elige” el grado en el que acepta la lectura que la institutriz hace de los acontecimientos que suceden a su alrededor. Como para la maestra no es fácil para nosotros diferenciar entre lo real, lo imaginado o lo fingido. Lo natural y lo sobrenatural forman un continuo. El mismo paraje, objeto o personaje se tornan siniestros o inocentes en un vaivén en el que no sabemos a qué atenernos. El desconcierto da paso al terror con las apariciones de los amantes. Los fantasmas no se muestran con parafernalia gótica sino con una apariencia natural. El terror deriva de su obscenidad: No hay nada raro en ellos salvo que no deberían estar ahí. No precisa pues, de trucos fotográficos o de montaje.
También es notable papel que desempeña la mansión, como un personaje difuso que muestra (¿cómo no?) cuándo una cara amable, cuándo amenazante. Demasiado grande. Como el hotel de “El resplandor”, su vacío acaba siendo ocupado por fantasmas. Y como en la cinta de Kubrick, el desasosiego que invade al espectador en su identificación con la protagonista es el de quien experimenta el descenso a la locura y duda de su razón o sus sentidos. Tanto más cuanto los otros no ven lo que ella ve.
El personaje del ama de llaves es importante, su postura oscila entre el escepticismo ante las observaciones de Miss Giddens y la aceptación de su criterio. Está dividida entre su sentido de la obediencia ante quien es la autoridad en lo que a Miles y Flora se refiere y su impulso de protegerlos. Personifica dentro de la narración la perplejidad del espectador.
La fotografía es maravillosa pero no preciosista. En todo momento está al servicio de la narración eludiendo un esteticismo vacío. Contribuyendo al matiz que en cada caso se quiere. Son de destacar los primeros planos de los personajes. También las tomas con profundidad de campo en la que están sucediendo cosas en distintos planos.