martes, 30 de diciembre de 2008

Películas de Terror. Género cinematográfico.

Supongo que me gusta este género por parecidas razones a las del público en general. El hecho es que disfrutamos del terror en la ficción como una deliciosa forma de sufrimiento. Es como la continuación natural de las historias infantiles, tan plagadas de horrores. Además, los creadores de estas películas han descubierto para sugestionarnos atmósferas de misterio y un retrato del lado sublime de las cosas; de la extraña belleza oculta tras lo que comúnmente es despreciado por feo o anodino. Del mismo modo han arrojado una nueva mirada sobre lo cotidiano y familiar, de modo que nos hemos acostumbrado a apreciar el aspecto amenazador de los objetos y ambientes que en principio deberían ser más tranquilizadores e inocentes.
De las antiguas, me gusta “Nosteratu” con su estética gótico expresionista. También “El gabinete del doctor Caligari” y la atmósfera de pesadilla densa, laberíntica. “El Golem” me impresionó igualmente. Creo que todas estas películas nos emocionan porque analizan el tema de la identidad humana desde un sesgo que pone de relieve lo frágil que puede llegar a ser. Es decir, lo difusa que resulta la barrera entre lo vivo y lo muerto, lo consciente y lo inconsciente, lo humano y lo animal, la materia y el espíritu. Es como si nuestra concepción del mundo y del hombre se basara en unos cuantos supuestos y en el mismo momento en que empiezan a ser cuestionados se desvelara una realidad de horror. Es el triunfo del mal cuando falta una fuerza que lo contenga. En “El exorcista” el demonio que posee a la niña parece exhibir un poder que excede la fuerza del sacerdote y se alimenta de las dudas de éste. Aunque en muchas películas de terror finalmente se restituye el orden y el relato acaba de modo tranquilizador, lo que nos produce la emoción sublime terrible es esa desproporción a priori entre la potencia del mal y la débil condición humana. Por “mal” aquí quiero decir no sólo lo perverso, también lo informe, oscuro, inconsciente, brutal, inhumano,.
Perversos son los villanos psicópatas que abundan en el cine de terror reciente, capaces de infringir un daño atroz por puro placer sádico. Son monstruos que han perdido su humanidad pero no su razón. De nuevo la ambigüedad, lo que está dentro y fuera de la condición humana. Ejemplos: “El silencio de los corderos” o “Henry, retrato de un asesino”. En esta última el desarreglo formal da una textura a la película que la hace perecer un documental y por tanto más aterradora.
Otro agente del terror sería el loco, como el protagonista de El resplandor de Kubrick. No alguien que actúa sin lógica, sino que ha desconectado su lógica del sentido común y cuyos actos ya no tienen sentido más que para si mismo. El acierto de una película como ésta es darse cuenta de lo fácil que resultaría deslizarse hacia la locura. Uno siente que habita un terreno intermedio entre la cordura y la enfermedad. Se es cuerdo en cuanto espectador pero se participa de la deriva del personaje.

Llevaría demasiado espacio hablar de toda la serie de películas en las que el horror se desata al descontrolarse un experimento científico. La razón, cuya vocación sería introducir orden y claridad en el mundo, acaba desatando el caos, la monstruosidad, Ejemplos: “Frankenstein”, “El hombre invisible”, “La mosca”. “La noche de los muertos vivientes”.

Respecto al futuro de los géneros cinematográficos, ahora se dice mucho que ya no hay géneros y que las películas lo que hacen es mezclar, tomando de aquí y de allá. Imagino que seguirán funcionando como códigos de referencia pero incluso esta función se irá desgastando, y las películas acabarán siendo parodias en las que se imiten los aspectos formales, canónicos de cada género pero sin el espíritu que los hizo surgir. Dudo que surjan nuevos géneros en el sentido que hablamos ahora de ellos aunque si pueden surgir variantes o subgéneros. En lo referente al cine de terror parece que sigue habiendo demanda pero temo que gane la partida el sensacionalismo y que los grandes hallazgos en los argumentos ya se hayan producido. Después de todo, casi todas las historias de miedo tienen su origen en las leyendas populares y en los mitos románticos que las retoman. Lo que hoy nos produce miedo sigue siendo la muerte, el vacío, la oscuridad, la enfermedad, el dolor, la locura, la soledad, la castración, la mutilación, el aislamiento, la involución del ser humano, la esclavitud, el hambre. Así que si se sigue haciendo cine, seguramente se tratarán estos temas, mientras dure la extraña necesidad psicológica de sentir miedo en una butaca.